Valparaíso, 1 de enero de 2024
Escribo el año nuevo en este cuaderno por primera vez: 2024. En realidad, lo escribo por primera vez de verdad. Sé que dentro de poco me resultará natural, que pasará a ser un gesto cómodo, casi automático, como si siempre hubiera sido así. Como si escribir 23, 22 o 21 nunca hubiera ocurrido. Mucho menos 2025, que ahora mismo se me antoja casi una aberración.
El año comienza con un ánimo excelente. Me siento sano, productivo, optimista, feliz. Tengo la impresión de que ese estado se alimenta a sí mismo: me gusta sentirme así y ese gusto refuerza todavía más el ánimo, creando un pequeño círculo virtuoso que conviene cuidar con atención.
Este es, quizá, un buen momento para asumir compromisos. No grandes propósitos abstractos, sino compromisos concretos, de esos que mi mejor versión pueda mirar con cierta satisfacción. Compromisos alineados con mis objetivos, sí, pero formulados de manera práctica y realizable. Intuyo que ahí suele estar el acierto —o el fracaso— de muchos planes: en no traducir los objetivos en acciones claras, medibles, exigibles. Cuando eso no ocurre, la motivación se disuelve con rapidez.
Tenía anotado, por ejemplo, algo tan genérico como “salud: bajar kilos y fumar solo dos cigarrillos como máximo al día entre semana”. Lo de los kilos lo he reformulado de inmediato: caminar a diario. Más adelante quizá lo concrete en una cifra —diez mil pasos, quién sabe—, pero por ahora basta con un paseo diario de entre treinta y sesenta minutos. Es una tarea clara. Y eso marca la diferencia.
Con la escritura sucede algo parecido. En lugar de fijar proyectos como objetivos difusos, resulta más eficaz comprometerme con acciones concretas: avanzar cada día en una obra, dedicar una hora a escribir material nuevo y otra a corregir textos ya terminados. No es una promesa grandilocuente, pero sí un plan verificable, algo que puedo cumplir o no cumplir. Y esa claridad, precisamente, es la que permite avanzar.
Así empieza el año: no con grandes declaraciones, sino con pequeños ajustes en la forma de comprometerme conmigo mismo. A veces no se trata de querer más, sino de formular mejor aquello que ya queremos hacer.

Deja una respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.