Estreno de agenda

Valparaíso, 2 de enero de 2024

Tenía ganas de que llegara este día para estrenar mi agenda de 2024. Comenzar una libreta o una agenda nueva me entusiasma. Hay un refrán que habla de estar más feliz que un niño con zapatos nuevos, y algo de eso hay aquí, pero en mi caso con cuaderno nuevo. Las novedades excitan mis bioconectores y, si además están relacionadas con la escritura, mi entusiasmo se parece al de un estudiante en el último día de clases.
Para este año he vuelto, como casi siempre en los últimos tiempos, a la agenda Moleskine de tamaño medio y vista diaria. La utilizo tanto para planificar como para registrar citas y tareas cotidianas, de modo que la vista semanal se me queda corta. Después de más de quince años usando agendas Moleskine, me he habituado a ellas casi sin darme cuenta. Antes recurría a modelos de bolsillo editados por El País (esas las usé cuatro o cinco años) o, sencillamente, a la primera agenda que encontrara disponible.
Durante la segunda mitad de 2023 probé una agenda de la marca Kunni, que cumplió con creces, aunque no logró desbancar a la Moleskine. Era especialmente flexible sin sacrificar comodidad al escribir, y su lomo se abría lo suficiente como para dejar la página completamente accesible. También valoré que estuviera en castellano. Son detalles que a menudo se pasan por alto, pero que importan más de lo que parece. El formato americano de fecha —mes, día, año— me resulta poco natural; prefiero el orden habitual en el que el día precede al mes.
Alguna vez llegué a fantasear con la idea de una agenda que incluyera el esperanto como idioma principal, acompañado luego del que la editorial considerara oportuno. Sería una aportación interesante a su difusión. Me lo anoto como posible proyecto para un futuro emprendimiento (que acabaría en ruina como todos los proyectos de esperanto, por desgracia).
Otro acierto de la Kunni era la inclusión de un pequeño calendario en cada página, algo que echo de menos en las Moleskine. Estas, en cambio, muestran con mayor claridad el número de la semana, un dato que utilizo constantemente, ya que muchos de los informes de mi trabajo se identifican precisamente por ese criterio.
Volviendo a la Moleskine de 2024, esta vez he optado por la versión de tapa dura, aunque suelo preferir la flexible. La razón es sencilla. El año pasado, apenas cuatro o cinco semanas después de empezar a usarla, la encuadernación cedió y la cubierta quedó unida a las páginas por un solo punto, lo que la hacía incómoda y poco estética. Sustituí entonces la agenda por la Kunni, pero en julio escribí al servicio de atención al cliente de Moleskine para expresar mi decepción, algo poco habitual en mí tras tantos años de fidelidad a la marca. En septiembre llegó la sorpresa: me enviaron gratuitamente la agenda de 2024 como compensación.
Así que aquí estoy, estrenando agenda nueva, con la misma ilusión de siempre y aún fiel a Moleskine.

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