Acantilado

· El cuento de los viernes

El acantilado se abre frente a mí, un tajo seco en la cornisa, el mar brama allá al fondo, cada ola que arriba esboza una forma blanca y efervescente, la que llega a continuación la borra y dibuja una nueva, cada batida crea y destruye, envidio esa espuma salada, anhelo su fugacidad, deseo sumergirme en el mar, regresar de ese nudo de agua con mi cuerpo transformado en espuma alba y efímera, y me obligo a vencer el miedo, sólo preciso un salto, apenas un paso para huir de la ruina, apelo al coraje de la inconsciencia, avanzo hacia el azul, un frescor aturquesado me acaricia y me rodea por completo, un vuelo añil al que quiero anclarme, deseo habitar esta dicha, que siempre sea aquí y ahora, que así siempre sea, siempre…

¡Zas!

Hoja mecanografiada de «El cuento de los viernes», 29 de enero de 2015