Manifestación

· El cuento de los viernes

Me dieron una bandera y me colocaron junto a los demás. Caminábamos despacio. Al principio, marchaba en silencio, pero pronto me animé y comencé a acompañar los cánticos, eran frases pegadizas y me gustaba vocearlas en plena avenida.

Al cabo de un par de horas llegamos a un parque, me quitaron la bandera, me subieron de nuevo al autobús y me devolvieron a casa.