Alicante, lunes 7 de septiembre de 2026
Parece que el mundo se desmorona, que los malvados están ganando, que cada vez estamos más amenazados. Estoy cansado de que esta sensación gane terreno en nuestra sociedad, y no quiero caer en ese pesimismo.
¿Qué puedo hacer para ser feliz en un entorno tan hostil?
Decidí reflexionar sobre el asunto: tomé las herramientas de pensar (en mi caso, una libreta y un bolígrafo) y me pregunté qué puedo hacer yo para no vivir deprimido y asustado en un mundo que parece explotar cada tarde.
Lo primero es combatir esa idea falsa y acercarme a la realidad.
Este mundo no es hostil, solo lo parece. Son tiempos convulsos, cierto, como los han sido todos desde que un primate comenzó a caminar erguido. Quizá se perciben más complicados por el nuevo tipo de comunicación: inmediata, descentralizada, polarizante.
Debo evitar a los ministros del desastre y sus discursos binarios de nosotros contra ellos, y huir de las generalizaciones y las simplificaciones. No todos los brasileños son futbolistas: hay brasileños poetas, cerrajeros, jubilados, terraplanistas, mancos, celíacos y millonarios.
Prefiero ver a las personas como individuos; así me resulta más fácil comprenderlas, quererlas y ayudarlas.
Lo segundo es ocuparme de mis propios asuntos.
Esto no significa aislarme ni ser egoísta, sino regar mis macetas antes de reclamar una arboleda municipal, o barrer debajo de la cama antes de protestar por el horario de la piscina.
Debe importarme actuar con integridad, al tiempo que debo mostrarme indiferente ante las actitudes ajenas, porque solo puedo modificar aquello que depende de mí.
Me conviene cambiar el cristal de mis gafas: hay mucha bondad alrededor, y si entreno el ojo en reconocerla, la veré por todas partes.
Por último, tengo que ocuparme de los asuntos de los demás.
Puedo ser determinante incidiendo en el ahora: actuando hoy y planificando para seguir actuando mañana.
En lugar de corregir al prójimo, prefiero predicar con el ejemplo; quien quiera ver, verá.
Pongo mi granito de arena sin preocuparme por lo que hagan los otros.
A mi entender, esto es lo que puedo hacer para vivir con alegría. No es saludable vivir malhumorado, y hay felicidad esparcida por todos los rincones.
Nada es tan grave como parece. Al final todo se relativiza, solo hay que alejar la lente para verlo con más perspectiva.
La felicidad se puede elegir.
